viernes, 19 de enero de 2018

Poema del día: "Megatherium not yet", de Willy McKey (Venezuela, 1980)

[FRAGMENTO ESPERANDO QUE SE PUDRAN LAS RAÍCES DEL PRIMER HEVEA BRASILENSIS]

Divina Poesía, / tú de la soledad habitadora, a consultar tus cantos enseñada /
con el silencio de la selva umbría, tiempo es que vuelvas ya a esa culta Europa
que tu nativa rustiquez desama.
Mientras, nosotros venceremos.
Haremos un secreto milenario de ese nuestro ocio de chicle:
haremos una bomba honda, rosada.
Masticaremos: así usaremos la boca en silencio
masquemos, masquemos, masquemos
como si en la intermitencia se nos fuera la vida
y venceremos
que el hedor a canela|tutti-frutti no permita
que la idea se nos salga vuelta idea
que ni siquiera entre un nuevo bocado: masquemos, mastiquemos, masticados.
Venceremos, venceremos, venceremos.
Treparemos hasta la insomne epifanía del mamón para decir,
decir (chupando), decir (encandilados), decir (en mamón macho):
Este es el aposento, / testigo de un dolor nunca explicado, del drama fugitivo
de un momento (y en un violento fin inesperado | lanzarnos de cara contra el suelo
porque ni el buen mamón nos ha escuchado)
mas venceremos.
Resolveremos la gran novela común:
daremos cuerpo a las ficciones acordadas
y sin miedo narraremos las noveletas de la patria, de la muerte
porque tenemos épica, señora
porque sabemos exportar ejércitos
y nos aseguramos de que en nuestros billetes
por fin sonrían un negrito, una niñita, un indiecito,
¡tamboré!
Perezosos gigantes
junto a otras especies en extinción.
Por eso, con suerte, venceremos.
Vuelva, d.p., a sus ciudades con canal para ciclistas
porque acá tenemos soberanía subterránea
chicle negro y pesado que mueve al autobús, al tanque y al ministro
venceremos.
Mil perezosos gigantes se han derretido debajo de mi casa desde el Pleistoceno.
Un millar de megaterios abrasados, hidrocarburos, combustibles,
una manada de megaterios vuelta chorro negro, Mene Grande.
Zumaque 1, venceremos.
Ya no habrá alocuciones, d.p., sino comunicados:
memoranda, notificación y último aviso.
No habrá tiempo para leer, usted perdone,
pero lleve el control de las circulares numeradas,
venga mañana a las cinco y pida un número,
hablaremos con usted y con la tierra en lenguas muertas
(pachamamabrasandomegatheriums)
y venceremos.
Nuestra bomba de chicle cooperante, colectiva y vuelta masa
esfera fucsia que explotará contra un zarcillo
punzante, afilado, verde oliva.
No un pendiente… no, señora: un zarcillo
un zar menudito que destella con el dorado de las caponas
que contrasta tanto verde oliva en derredor:
bomba de chicle, bomba de gasolina, bomba de tiempo, venceremos.
El hombrenuevo tiene 2.000 años
(o un poco más), d.p, 25 siglos, más o menos
(o un poco más)
Pero todavía no, D.P.
Megatherium, not yet,
not yet. Not yet.
Espera un poco, un poquito más.
Deja que pase | otro ratito | de felicidad
y venceremos.
“Venceremos, venceremos, venceremos”;
Perezosos gigantes: venceremos…
todos, como los megaterios, algún día caducaremos
de nuevo
expiraremos
venceremos,
venceremos,
venceremos.

Willy McKey, incluido en Ritmo (nº 22, ene.-abr. de 2015, UNAM, México).

jueves, 18 de enero de 2018

Poema del día: "Elegía crepuscular", de María Eugenia Vaz Ferreira (Uruguay, 1875-1924)

Viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
anónimo pasajero
fugaz en todas las patrias,
en las misteriosas selvas
y en las grutas oceánicas,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas...
Tu roce sobre mi frente
tiene la misma eficacia
de la luna entre las ruinas,
de los óleos en las llagas
y de las claves que aflojan
el cordaje de las arpas...
Tu fresco soplo serena
la exaltación de mi alma
fosca de llamar sin nombre
y esperar sin esperanza
por haber nacido póstuma
dentro de su propia lápida...
Viento suave del crepúsculo
que cruzas sin decir nada
el transitorio paréntesis
suspenso en la sombra vaga,
cuando enmudecen las cosas
o todavía no cantan,
cuando de los rojos soles
palidecieron las flamas
y las nocturnas estrellas
están todavía pálidas...
Si yo supiera estar triste
yo me desharía en lágrimas
para que así me bebieran
las caricias de tus ráfagas
¡Qué lindo renunciamiento!
¡Qué liberación beata!
Viento suave del crepúsculo
si tus brisas me acabaran,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas.

María Eugenia Vaz Ferreira, incluido en Poetas latinoamericanas. Antología crítica (Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle, Colombia, 2009, selecc. de Carmiña Navia Velasco).

Otros poemas de María Eugenia Vaz Ferreira
Canto verbalEl ataúd flotanteEl novio ausenteVoz del retorno

miércoles, 17 de enero de 2018

Poema del día: "Tanto soñé contigo", de Robert Desnos (Francia, 1900-1945)

Tanto soñé contigo
que pierdes tu realidad
¿Es tiempo todavía de esperar ese cuerpo viviente y de besar en esta boca el nacimiento de la voz querida?
Tanto soñé contigo
que mis brazos acostumbrados a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan tu sombra ya no se amoldarían tal vez al contacto de tu cuerpo.
Y, ante la aparición real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años
Me volvería yo una sombra sin duda,
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo
que no es tiempo sin duda de que ya me despierte. Duermo de pie el cuerpo expuesto a todas las apariencias de la vida y del amor, y de ti, la única que hoy para mí cuenta, menos podría tocar tu rostro y tus labios, que los primeros labios y el primer rostro que venga.
Tanto soñé contigo
tanto anduve y hablé y dormí con tu fantasma que ya quizá sólo me queda empero el ser fantasma entre fantasmas y más sombra cien veces que la sombra que se pasea y se paseará alegremente sobre el reloj de sol de la vida.

Robert Desnos en Corps et Biens (1930), incluido en Poetas franceses contemporáneos  (Ediciones Librerias Fausto, Bueno Aires, 1974, selec. y versiones de Raúl Gustavo Aguirre).

martes, 16 de enero de 2018

Poema del día: "La espina", de Tadeusz Różewicz (Polonia, 1921-2014)

no creo
no creo desde que abro los ojos
hasta cerrarlos

no creo desde una orilla
hasta la otra
de mi vida

no creo
con la misma profundidad
con que mi madre
creía

no creo
al comer pan
al beber agua
al amar un cuerpo

no creo
en sus templos
en sus curas en sus signos

no creo
al pasar por la calle de una ciudad
por el campo
bajo la lluvia en el aire
dentro del resplandor
de la anunciación

leo sus parábolas
rectas como la espiga del trigo
y evoco a un dios
que no sabía reír

pienso
en un dios
pequeño y sangrante
que yace
en los blancos lienzos de la infancia

pienso
en una espina que desgarra
nuestros ojos nuestras bocas
ahora
y en la hora de la muerte

Tadeusz Różewicz, incluido en Poesía polaca contemporánea (UNAM, México, 2008, selec. y trad. de Krystyna Rodowska).

Otros poemas de Tadeusz Różewicz

lunes, 15 de enero de 2018

Poema del día: "Mitos de la guerra", de Miron Białoszewski (Polonia, 1922-1983)

Tres

Una huyó.
Otra huyó.
La tercera
se atascó en la puerta.

Uno

Se acurrucó debajo de la mesa
y se salvó.

Miron Białoszewski, incluido en Poesía polaca contemporánea (Ediciones Rialp, Madrid, 1994, selec. y trad. de Fernando Presa González).

Otros poemas de Miron Białoszewski
Discurso sobre el soyY ya

domingo, 14 de enero de 2018

Poema del día: "Poemilla de cercanías", de Matthías Johannessen (Islandia, 1930)

Los cráteres descansan
su sueño
milenario

la lava se viste de musgo
bajo el silencio
helado

la sombra del coche
se acerca velozmente
todo ello en el camino
se funde
en luz de luna de la noche clara

así nos encontramos con nuestra sombra
y la seguimos
con un volcán apagado en el pecho.

Matthías Johannessen en Tveggja bakka vedur (1981), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de José Antonio Fernández Romero).

Otros poemas de Matthías Johannessen
La tierra

sábado, 13 de enero de 2018

Poema del día: "Louis Armstrong", de Hans Børli (Noruega, 1918-1989)

Viejo, dulce Satchmo—
rostro como huellas de ruedas en la llanura,
como tierra y fosforescencia marina.
Llagas en los labios.
Sangre en la boquilla de latón. Siempre
ruge la tormenta de sol
en el agrietado árbol de tus pulmones. Siempre
huye un cuervo con alas de paloma
de tu garganta rota de cantar.

Nobody knows...

¿Ves todas esas manos blancas, Satchmo?
Aplauden.
Manos que pegaron, manos que ahorcaron, manos
que dividieron una dulce y creciente oscuridad
con la cruz en llamas del odio.
Ahora aplauden.
Y tocas, viejo. Cantas
el Lullaby del Uncle Satchmo. El sudor gotea, el pecho
jadea. Hay un sol clavado
en la resplandeciente boca de la trompeta.
Como el llanto en una garganta.

...the trouble I've seen

Cómo me ha hecho avergonzarme tu sonrisa llena de cicatrices
de mi propio rostro cerrado,
de mi genuflexión ante las sombras. Te pregunto:
¿De dónde sacas fuerzas para
tu rebelión sin odio? ¿Tu
resplandeciente tono de luz que
ilumina la noche de los negros? Contéstame
¿cómo ha de ser el dolor de grande...
cómo ha de ser el dolor de grande
para alimentar una alegría pura?

Y la trompeta contesta
desde la lejanía,
un humo de plata:
Mississippi.

Hans Børli en Ved bålet (1962), incluido en Poesía nórdica (Ediciones de la Torre, Madrid, 1999, ed. y trad. de Francisco J. Uriz).